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Job 2:11-13

Reina-Valera 1909

Y tres amigos de Job, Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamathita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían concertado de venir juntos á condolecerse de él, y á consolarle. Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron á voz en grito; y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande.

Qué estaba pasando alrededor

El narrador habla de Job y de sus tres amigos; Job es quien recibe la compasión y el consuelo que ellos quieren darle. El contexto viene después de la aflicción en el cuerpo de Job y de lo que habló con su mujer (vv. 8-10); los siete días de silencio del v. 13 llegan justo antes de que Job comience el diálogo en el capítulo 3. Henry T. C. Sun menciona una opinión académica de crítica de fuentes según la cual las referencias a los amigos en 2:11-13 y 42:7-10a se añadieron cuando los diálogos se incorporaron a un relato más antiguo; se trata de un análisis literario en discusión, no de algo que afirme el texto.

Los versículos que lo rodean

Reina-Valera 1909

  1. Y tomaba una teja para rascarse con ella, y estaba sentado en medio de ceniza.
  2. Díjole entonces su mujer: ¿Aun retienes tú tu simplicidad? Bendice á Dios, y muérete.
  3. Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. También recibimos el bien de Dios, ¿y el mal no recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.
  4. Y tres amigos de Job, Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamathita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían concertado de venir juntos á condolecerse de él, y á consolarle.
  5. Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron á voz en grito; y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo.
  6. Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande.

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